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La utilización de abonos especiales frente a los convencionales.

La sociedad actual en la que vivimos exige ser cada día más eficiente. Por ello, en la agricultura actual es imprescindible generar productos en cantidad, sin denostar la calidad. Para obtener una buena producción agrícola es necesario realizar una serie de labores fundamentales, siendo el abonado racional una de las más importantes para mejorar las propiedades físico-químicas del suelo. En este proceso, el objetivo es incrementar las formas asimilables de los nutrientes en el suelo para aprovechar cada céntimo invertido en el abonado. En este sentido, el riego es una herramienta que potencia el efecto de una fertilización racional.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el año 2050 la población mundial será de unos 9.100 millones de habitantes, un 34% superior a la de hoy en día, por lo que el nivel de producción demandado a la agricultura aumentará, un 50- 80% mayor al actual.
El problema es que la superficie cultivable es limitada, lo que significa que hay que incrementar los rendimientos de los cultivos. Los abonos en general ayudan a que esto suceda, ya que nos permiten darle al cultivo el equilibrio nutricional necesario y, posteriormente, aportarle la cantidad exacta de micronutrientes,para ciertos procesos fisiológicos de la planta que son determinantes a la hora de incrementar los rendimientos.
En la actualidad hay una amplia gama de abonos que ofrecen multitud de posibilidades: equilibrio nutricional necesario, fertirrigación, corregir carencias puntuales, entre otras.

La calidad y la cantidad son los pilares básicos que dan sentido a una agricultura sostenible y, para lograr estos objetivos, es crucial tener una buena nutrición del cultivo. En este sentido, los abonos juegan un papel protagonista realizando tres funciones imprescindibles: satisfacer las necesidades específicas de la planta, mantener la fertilidad del suelo y desbloquear los nutrientes del suelo para mejorar su estructura, aunque no todos sirven para este fin.

ABONOS CONVENCIONALES
Son aquellos que aportan los nutrientes principales a las plantas (N, P, K) y que no tienen ningún sistema de protección de los mismos, estando sometidos a un porcentaje importante de pérdidas en el suelo y, por lo tanto, teniendo una eficacia muy reducida para las plantas. Urea del 46%, Sulfato amónico del 21%, nitrato amónico del 27% ó 33,5%, fosfatos del 18% ó 45%, cloruro de potasa del 60% o sulfato de potasa de 50% son un ejemplo de abonos convencionales simples que se utilizan directamente en agricultura o como materias primas para fabricar otros abonos complejos como el 8-15-15, el 15-15-15, 8-24-8.
ABONOS ESPECIALES
Son aquellos que, además de aportar los nutrientes principales a las plantas (N, P, K), pueden poseen en su composición nutrientes secundarios como Ca, S, Mg y micronutrientes y tienen algún sistema de protección de uno o varios nutrientes para disminuir las pérdidas de los mismos y mejorar la eficacia para las plantas. Estos abonos han sido creados mediante una tecnología que permite que sean más eficientes o eficaces frente a los abonos convencionales.
NUTRIENTES PRINCIPALES
Para determinar las pérdidas de nutrientes que sufren los abonos en relación con las condiciones edafoclimáticas es necesario evaluar nitrógeno, fósforo y potasio por separado.

Nitrógeno
El nitrógeno puede ser aportado al suelo de tres formas diferentes: ureica, amoniacal y nítrica. Cada una de ellas está sujeta a diferentes procesos de pérdidas.

En un primer proceso las formas ureicas se hidrolizan en el suelo produciéndose un proceso de volatilización con pérdidas del 10%al 30% en función de las formas de nitrógeno aportadas, el pH del suelo y la temperatura. Cuando en nitrógeno se encuentra en formas amoniacales es mineralizado por las bacterias Nitrobacter y los nitrosomas del suelo, siendo transformado a formas nítricas.

Las pérdidas por este proceso pueden cifrarse en función del tipo de suelo, pH y la población bacteriana entre el 10 y el 40%.
Cuando el nitrógeno se encuentra en forma nítrica puede perderse por lixiviación, siendo las pérdidas de un 20 a un 30% en función del tipo de suelo, la pluviometría y el sistema de riego. Para evitar las pérdidas de nitrógeno existen diferentes fertilizantes especiales de liberación lenta, progresiva o gradual. Un tipo de fertilizantes especiales se centran en la inhibición de la actividad de la enzima ureasa del suelo para reducir la hidrolisis de la urea y las pérdidas por volatilización; otros se centran en la inhibición de la actividad de las bacterias Nitrobacter para reducir la mineralización y otros utilizan membranas orgánicas e inorgánicas que se disuelven en el suelo de forma progresiva en función de la humedad y de la temperatura produciendo una liberación gradual de nitrógeno en función de las necesidades del cultivo (Figura 1).
En este sentido cabe destacar que hay una patente (nº P 9901639) de una empresa del sector ha desarrollado un equilibrio entre nitrógeno ureico y amoniacal y a su vez lo ha protegido con una doble membrana, haciendo que se libere de forma progresiva. De esta manera se garantiza la disponibilidad del amonio a las plantas y evitan la transformación del nitrógeno amoniacal a nítrico. Las plantas pueden absorber el nitrógeno mineral del suelo tanto en forma nítrica (70-95%), amoniacal (5-25%) como ureica (0-5%). Son muchos los estudios científicos que demuestran el hecho de que las plantas se nutren de una parte del nitrógeno en forma de amonio (nutrición parcial amoniacal o nutrición mixta) favoreciendo su desarrollo y crecimiento.

Como consecuencia, se producen ventajas fisiológicas: ahorro energético de la planta ya que no es necesario reducir el nitrato, mayor estimulación de la floración y mejor absorción de otros nutrientes (fósforo y micronutrientes). Todo ello repercute en un incremento de los rendimientos de los cultivos. De todas estas ventajas se deduce la importancia de que una parte del nitrógeno en el suelo permanezca en forma amoniacal disponible para la planta durante un amplio periodo de tiempo.

En la Figura 2 se muestra cómo la doble membrana (Patente nº P 9901639) mejora las perdidas por lixiviación frente a la urea.

La doble membrana consigue una reducción de más del 30% de pérdidas por lixiviación y más de un 40% de pérdidas totales en comparación con la urea.
Uno de los motivos por los cuales es importante usar abonos especiales, sobre todo los nitrogenados protegidos, es porque actualmente existe la problemática de la contaminación por nitratos de las aguas. Las pérdidas de nitrógeno en forma de nitratos por lixiviación es uno de los procesos que se dan en los suelos agrarios con más implicaciones negativas sobre el medio ambiente.
Los nitratos, al ser lixiviados en condiciones de riego o lluvia, van a parar a las aguas subterráneas y pueden incrementar su contenido hasta niveles que superen los límites de salubridad fijados por la Organización Mundial de la Salud.
La normativa que regula las zonas afectadas y establece un programa de actuación, en la Directiva  91/676/CE del Consejo, de 12 de diciembre de 1991, relativa a la protección de las aguas contra la contaminación producida por nitratos en la agricultura, obliga a los Estados miembros a identificar las aguas que estén afectadas por la contaminación de nitratos de esta procedencia y a establecer criterios para designar como zonas vulnerables a aquellas superficies territoriales cuyo drenaje da lugar a la contaminación por nitratos.

El artículo sexto establece la realización de un programa de actuación con el objetivo de prevenir y reducir la contaminación causada por los nitratos. Este programa de actuación define los periodos de aplicación por tipo de cultivos, limitados a las técnicas de cultivo, época de siembra y estado vegetativo que coincidirá con unas fechas variables, según las condiciones climáticas del año. Esto sería menos restrictivo si se utilizaran los abonos especiales.

Fósforo
La problemática del fósforo en el suelo se debe a un proceso que se conoce como retrogradación del fósforo que da lugar a pérdidas del orden de entre 75% y 85% del fósforo total aportado. Como consecuencia, el porcentaje de fósforo asimilable que queda para la planta procedente de los abonos tradicionales es muy reducido, y si a esto unimos que a unidad fertilizante de fósforo en los últimos cinco años se ha multiplicado por un 300%, hace que el uso de fósforos convencionales sea muy caro por unidad fertilizante aportada.
El proceso de retrogradación es una reacción química del fósforo con el calcio en pH alcalino, produciéndose fosfato tricálcico y bicálcico (las plantas solo pueden asimilar fosforo en formas de ion fosfato o fosfato monocálcico), y del fósforo con el hierro y aluminio en pH ácido, produciéndose compuestos fosfatados aluminicoférricos insolubles que la planta tampoco puede asimilar. Estas son reacciones irrevesibles que dan lugar a pérdidas del 75% al 85% del fósforo total aportado.
En este sentido solo se conoce a día de hoy un sistema de protección del fósforo totalmente eficaz que evita el 100% de las pérdidas  de este elemento, esto es una patente desarrollada por el Departamento de I+D de Timac Agro España que se conoce a nivel científico como R.C.F (Rhizosphere Control Fertizer) patente (EP 1 612 200) (2006). Esta patente consiste en crear dentro de cada grano de abono multitud de mallas iónicas formada por fósforo, calcio, magnesio y fracciones orgánicas activadas en cuyo interior se introducen el resto de elementos nutritivos. La ventaja de estas mallas es que no se disuelven en agua, pero sí que lo hace en  los exudados radiculares de ácidos orgánicos que emiten todas las plantas cuando tienen una necesidad nutricional. Como consecuencia las pérdidas de fósforo se reducen a cero y todo el fósforo aportado por el abono es totalmente asimilable por la planta (Figura 3).

CONCLUSIONES
Después de todos los resultados observados podemos concluir que se debe potenciar una agricultura productiva, que sea sostenible en  términos sociales, económicos y medioambientales. También pasa por asegurar la rentabilidad para el agricultor y la viabilidad de las producciones agrarias, así como la conservación de los espacios naturales y la protección del medio ambiente.

Estos objetivos deberán estar ligados al desarrollo de la I+D y a los avances tecnológicos en la agricultura, que son los que permitirán
conseguir los objetivos. La amplia gama de abonos especiales existentes en el mercado permiten ser más eficiente. Cada euro aportado al suelo irá destinado a la planta, reduciendo así las pérdidas de nutrientes, la contaminación por nitratos y demás.
Ahí radica la gran diferencia entre los abonos especiales frente a los convencionales.